lunes, 27 de diciembre de 2010

A jugar en el agua


El niño juega espontáneamente en todas partes.

Jugar es su naturaleza.

El adulto siguiendo estas ganas ofrece los juguetes adecuados que lo incentivan.

¿Por qué jugar en el agua le resulta tan atractivo y divertido?

Desde recién nacido (a pesar del llanto que le provoca la nueva situación, o salir del baño que es por otros motivos), el medio acuático le da seguridad.

Es cierto que viene de estar nueve meses en el líquido amniótico, dentro del vientre materno.

Pero más allá de eso, el agua le proporciona un beneficio y le ahorra un esfuerzo. Cuando el niño nace se topa con la gravedad con la cual luchará toda su vida. El agua le proporciona un medio en el cual su cuerpo es más liviano y debe hacer mucho menos esfuerzo para mover sus miembros y sostener la cabecita.

En los primeros tiempos el adulto está 100% disponible para él, con cuidados, mimos, sonidos y acompañando todo aquello que se produzca ya sea con la voz cantada o hablada, sosteniéndolo con sus manos o abrigándolo.

Mucho más adelante y en plena confianza lo dejará jugar solito, explorando y divirtiéndose, pero siempre custodiándolo desde algún lugar.

Desde un primer momento y mientras sea niño, estará fascinado con el resultado de sus acciones en el agua, chapoteando, pataleando, salpicando (así quedamos, así queda el baño).

Qué alegría nos proporciona verlos descubrir y divertirse en el agua.